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Nuevos Asociados en México

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Por: Asociados Mexicanos

 

  

Mi nombre es Alejandro Balderas Rosas, tengo 30 años, soy originario del municipio de Santiago Miahuatlán, y mis padres son el Sr Alejandro y la Sra. Micaela, tuve la oportunidad de conocer a los hermanos novicios en donde trabajaba y  me invitaron  a vivir la experiencia de  su estilo de vida, a lo cual accedí y poco a poco fui descubriendo mi vocación; estoy dispuesto a poner mis talentos al servicio  de la iglesia  a través de la congregación,  para que en un futuro si Dios lo permite pueda llegar a ser sacerdote.​  

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Soy Marco Antonio Sierra García, tengo 29 años, soy de Colima, Colima. Mis padres son: Arturo Sierra Sandoval y Adriana García Solórzano. Conocí a la congregación gracias al hermano José Adán, quien está en el escolásticado ahora. Mis expectativas se basan en aprender mucho de la gente de Tehuacán, y ver reflejada en ellos, la voluntad de Dios.

Soy Luis Manuel Gonzaga Recillas, tengo 38 años de edad, pertenezco al Estado de México, oriundos del mismo lugar mis padres: Sr.  Tomás (finado) y la Sra. Victorina Isabel. El año pasado, un amigo que conoce parte de mi proceso vocacional, con buena intención e ingenio me invitó a vivir un fin de semana con los Padres y novicios Basilianos, su testimonio de vida religiosa me llevó a escuchar nuevamente el llamado al Sacerdocio Ministerial; tengo la convicción de caminar de la mano de los Padres Basilianos y aspiro a configurarme con Cristo a través de la forma de vida Basiliana.

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Soy Luis Alberto Rodríguez Justo, tengo 39 años del estado de México del municipio de Tianguistenco de la comunidad de Coatepec de las Bateas. Mis padres son: Luis Rodríguez Varela y Roselia Justo Miranda. Conocí la comunidad de los Padres Basilianos por medio de un escolástico de nombre Alejandro García Cárdenas; que me invitó a un encuentro vocacional en Tehuacán, Puebla. Mi expectativa es crecer en el aspecto espiritual, humano, vocacional y pastoral; en una forma de vida particular de encuentro con el mensaje del Evangelio.

Mi nombre es Walter Roberto Martínez Royaceli, soy el mayor de dos hijos, mis padres son Cristina Royaceli Linares y Filiberto Martínez Arellano. Tengo 25 años. Soy originario del municipio de Jonacatepec, ubicado al oriente del estado de Morelos. Conocí la comunidad de los Padres Basilianos gracias al hermano Erick, quien es originario del mismo pueblo que yo, él ya formaba parte de la comunidad como novicio cuando me invitó a tener la experiencia de retiro vocacional en la casa del noviciado en Tehuacán. La propuesta que la comunidad de los Padres Basilianos tiene sobre la manera de vivir el Evangelio de Cristo me hace tener la esperanza de encontrar nuevas herramientas para poder mejorar el encuentro conmigo mismo, con quienes me rodean y a quienes espero servir; y sobre todo el encuentro con Dios.

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Me llamo José Antonio Zamudio Reyes, tengo 30 años, soy del municipio de Tultitlán, Estado de México, mis papás se llaman Irineo Zamudio y Matilde Reyes. Conocí la congregación por el hermano Juan Ángel, me compartió su experiencia, me hizo la invitación para en ir a conocerlos en un retiro en Tehuacán, donde me impactó la forma de ser de los novicios y los sacerdotes, experimentando nuevamente el llamado de Dios. Mi expectativa es seguir fortaleciendo mi respuesta a este llamado, crecer y trabajar más en mi dimensión humana, seguirme integrando con mis hermanos, aprender de ellos y confrontarme, poder aplicar los talentos que Dios me ha dado en el apostolado, dispuesto para todo lo que se vaya presentado cada día.

Mi nombre es Luis Osvaldo García González, tengo 25 años. Soy originario de la ciudad de Colima. Mi papá se llama Carlos García Suárez; y mi mamá, María Cristina González Pedraza. Yo conocí a la Comunidad de Padres Basilianos gracias a José Adán (miembro de dicha comunidad). Mis expectativas para este año son: seguir descubriendo el llamado de Dios, crecer en cada una de las dimensiones de mi persona, conocer con profundidad el carisma de esta congregación religiosa. Además de aprender de cada uno de mis hermanos, y a vivir en comunidad. Por último, estar al servicio de mis hermanos y de mi comunidad de apostolado.

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