Volver a los Estudios Clásicos en Tiempos de Pandemia

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Por: Marlon Andrés Rincón Moreno CSB, Escolástico

En los últimos meses la humanidad ha atravesado por una realidad inesperada, que nunca imaginó recorrer y para la que nunca estuvo preparada. La contingencia sanitaria del COVID-19, ha sido una experiencia que de algún modo ha tocado la vida de todos los seres humanos. Los periódicos y noticieros; los escritores y columnistas; el personal de la salud y los científicos; los entes gubernamentales e institucionales, se han enfocado sobre manera en esta realidad, que ha dejado hasta la fecha 988.960 muertes, según las indicaciones de la BBC.[1]

            El hombre es un ser en relación, es la categoría natural con la que se ha identificado la condición humana, sin embargo, dicha categoría se ha visto modificada por el distanciamiento, ya que ahora el agente de la relación se ha convertido en el ser al que hay que evitarle, por todo lo que el contacto implica. Lo anterior, es sin duda, la demostración al antropocentrismo de la finitud y fragilidad de la condición humana.

            Ante este panorama poco esperanzador, es necesario indicar, que, a lo largo de la historia, es bien sabido que el hombre es cambiante junto al cambio, pues él es movimiento y por tanto, se modifica y se reconfigura.  Ante el cambio en la realidad, y la modificación de la cotidianidad, el hombre ha salido de su zona de confort y se ha replanteado desde otros escenarios, dando primacía al don más sagrado y que a la vez es legado de la condición relacional propia del hombre, ya mencionada, es decir, a la familia.

            La familia en este contexto ha sido como el instrumento al músico, y como el pincel al artista. En su seno, ha sido posible comprender que vale la pena continuar aún cuando la realidad sea poco prometedora, incluso cuando sea imprescindible el uso de mascarillas para seguir adelante y salvaguardar la propia vida.

            Hoy día es común leer y escuchar que es necesario volver a las fuentes. Lo anterior, para anclarse en una reconfiguración que permita a la humanidad levantarse con una nueva vida de lo que fue y significó el COVID-19. Al concebir esta idea, es imposible, no volcar la mirada al mundo clásico y al ingenio romano, dado que muchos de sus aportes siguen vigentes en la actualidad. Por otro lado, el lenguaje es uno de los recursos más importantes con los que cuenta el ser humano, y con el que es posible entablar una relación entre un emisor y un receptor.

            En esta moción de volcar la mirada al pasado, y bajo el contexto del confinamiento preventivo, es pertinente y enriquecedor, conocer la génesis de nuestro idioma español. Recuérdese que este es uno de los hijos que ha dado el latín; una lengua proveniente de la familia indoeuropea, que se ha dividido en ramas, siendo una de ellas la itálica.   A su vez, la lengua latina con el paso del tiempo primó sobre los demás dialectos hablados en la península itálica, estableciéndose finalmente, como la lengua oficial del Imperio Romano, civilización que dominó Europa, el norte de África y Oriente Medio alrededor de 800 años.  

            La Iglesia católica, heredera de muchos ámbitos del Imperio Romano, hizo del latín su lengua oficial. Sin embargo, hasta hace algunas décadas se dio importancia a las lenguas vernáculas, es decir, a los idiomas y dialectos propios de cada extensión geográfica.  Como se indicó anteriormente, el latín es la madre del español y de otros idiomas, tales como el portugués, el gallego, el catalán, el francés,  el occitano, el italiano, el sardo, el retorromano y el rumano. La lengua romance más hablada en la actualidad es el español, hablado por más de 400 millones de personas.

            A lo mejor, el lector esté preguntándose, ¿cuál es la importancia y utilidad de retornar a los estudios clásicos en tiempos de pandemia? Ante dicho interrogante ha de indicarse que la importancia es tal, que no sólo le conducirá al enriquecimiento y conocimiento de la lengua, sino también, a la concepción de una cultura, una manera de pensar, de actuar y de entender el mundo. Retornar a las “lenguas muertas” permite una mayor comprensión de las lenguas vivas, pues estas, al ser provenientes del latín, mantienen en muchos de los casos la raíz de las palabras latinas. Entonces, a la hora de insertarse en una cultura de lengua romance, será mucho más fácil la comprensión de esta, a partir del  lógos, palabra y razón.

            Finalmente, volver a los clásicos en tiempos de pandemia, permite acceder a las fuentes primarias de las humanidades, tales como la filosofía, la literatura, el derecho, la historia, y la teología. Así como también se logrará una mayor comprensión de las películas y series referentes al Imperio Romano, pues lo intereses de los productores pueden crear anacronismos históricos, a los cuales, con el estudio de los clásicos, se podría juzgar de verdadero o falso.

            Deseo culminar esta invitación con una frase muy conocida del contexto romano: Tempus Fugit, el tiempo pasa. A lo fugaz y efímero del tiempo, qué mejor manera de aprovecharlo que retornando a los estudios clásicos en tiempos de pandemia; con este ejercicio se podrá abarcar la mentalidad y la inteligencia, como también la riqueza de un Imperio que hasta hoy nos hace sus herederos para continuar así con su legado.  

 

[1] Tomado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-51705060

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